¿Qué pasa con nuestros cuerpos cuando morimos?

Interesante para decidir entre cremación y sepultura.

Artículo de la revista Muy Interesante

Una de las razones para evitar la cremación y preferir la sepultura es que el cuerpo será quemado y eso suena grotesco, brutal. Podemos escuchar sobre todo a la gente mayor decir respecto a la cremación “es que me va a doler”.

El temor al fuego es razonable ya que desde pequeños conocemos su poder destructivo y lo dolorosas que resultan las quemadas, incluso las más leves.

Sin embargo, la sepultura o entierro, que es la opción más común a la cremación, también es destructiva, y a un ritmo lento.

Tomados de este artículo de Muy Interesante, te damos argumentos para defender la cremación ante el entierro, o viceversa, ya que todo depende del enfoque:

  • Si creemos que el cuerpo sufre durante la cremación, podemos también pensar que sufrirá la descomposición, que además es un proceso lento.
  • Sin la cremación, el cuerpo se desintegra lentamente hasta que solo quedan los huesos.
  • En ambos casos el cuerpo se destruirá. El resultado será el mismo: polvo eres y en polvo te convertirás.

Los pasos de la descomposición son:

  • Livor mortis: el cuerpo se vuelve pálido, ceniciento, poco después de la muerte. Se debe a la pérdida de la circulación sanguínea cuando el corazón deja de latir. Este proceso puede comenzar después de aproximadamente una hora después de la muerte y puede continuar hasta 9-12 horas después.
  • Rigor mortis: el cuerpo se vuelve rígido, los músculos se tensan debido a los cambios que ocurren en ellos a nivel celular. Se establece entre 2 y 6 horas después de la muerte y dura entre 24 y 84 horas. Después de esto, los músculos se vuelven flácidos y flexibles una vez más.
  • Algor mortis: el cuerpo se enfría, deja de regular su temperatura interna. Suele establecerse 18-20 horas después de la muerte.

Finalmente, se inicia la putrefacción, facilitada por bacterias, hongos e insectos, que dura hasta que se despoja al cuerpo de todo tejido blando y solo quedan los huesos.

Es difícil conversar de esto con la persona que va a morir y también con sus seres queridos. Es duro pensar al respecto incluso estando completamente sanos y fuera de peligro, pero es una conversación que a veces hay que tener, bien sea porque tenemos a una persona muy anciana o gravemente enferma en la familia y hay que tomar una decisión al respecto. Por más duro que sea, a veces decidir entre entierro y cremación es obligatorio.

 

Factores a tomar en cuenta:

  • Religión: Hay religiones que prohíben la cremación y hay otras que la consideran más cercana a lo espiritual.
  • Miedo: “Me va a doler cuando mi cuerpo se queme” dicen quienes temen a la cremación y “Me van a comer los gusanos” dicen quienes tienen miedo a ser enterrados. También existe la preocupación de ser enterrados vivos.
  • Dinero: Dependiendo del país, las condiciones, los rituales, cualquiera de los dos métodos puede resultar más costoso que el otro. Aquí hay que meter la lupa pues muchas veces lo que encarece el acto fúnebre son los rituales y no la forma de disponer del cuerpo.
  • Practicidad: La cremación generalmente implica obtener las cenizas del difunto para conservarlas o para realizar un acto espiritual como echarlas al mar, en una cascada, sembrar un árbol. En cambio el entierro implica a veces tener que visitar la tumba, llevar flores, podar… Lo cual puede suponer un problema en caso de una mudanza.

Al momento de tomar tan difícil, cruda y definitiva decisión, hay que pensar en la voluntad del difunto, y también tomar en cuenta a los familiares y seres queridos que lo sobrevivirán.

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